Los cambios
sociales y tecnológicos que se han producido en el inicio del tercer milenio
han obligado a replantearse las metas educativas. La geografía escolar,
institucionalizada en el siglo XIX y XX,
no es útil para responder a los nuevos retos ciudadanos. Sin embargo, las
rutinas escolares y la opinión pública resisten a las innovaciones académicas;
por eso es preciso cambiar la mentalidad tradicional desde el análisis riguroso
de la selección de los contenidos didácticos. Para esta tarea los proyectos
curriculares son un instrumento relevante.
El mito de la geografía “en singular”: de la dialéctica de
los paradigmas a la pluralidad de enfoques.
Cuando se debate acerca de la organización del currículo
escolar se suele identificar cada materia escolar con una sola manera de
entender este conocimiento. En el caso de la geografía se alude al papel de
esta materia en la enseñanza o de su relación con la historia y otras ciencias
sociales. Todo un discurso que reduce su aportación a una concepción
decimonónica del saber académico. Así la geografía y la historia eran las
encargadas de dar cuenta del sentido patrio del devenir histórico y del
territorio organizado políticamente4; una formación destinada a las elites
sociales, pues ellas eran las destinatarias de estas informaciones que se
desarrollaban en Primaria Superior y Secundaria. Más tarde fue necesario
compendiar estos hechos en unos manuales destinados a una población más
numerosa. Desde entonces, finales del siglo XIX e inicio del XX, los equívocos
entre pasado e historia, entre espacio y territorio o entre cronología y tiempo
no han hecho más que aumentar.
Los modelos educativos y las teorías geográficas: De las
teorías paradigmáticas de aprendizaje a la diversidad social.
En relación con la educación que se persigue a través de la
geografía como materia de formación también entendemos que existen diversas
maneras de organizar los modelos curriculares; o sea, cómo y qué se enseña. En
España es predominante una concepción que entiende que el profesorado y los
manuales escolares son los depositarios del saber y los alumnos sus receptores
pasivos. También es cierto que se han abierto nuevos enfoques a la innovación
didáctica, que han considerado la evolución de los paradigmas y las necesidades
sociales. Sin embargo, el camino de las mejoras pedagógicas es mucho más
complejo, pues no sólo concierne al cambio de métodos y objetivos de
investigación, sino también a la capacidad para convencer a otros colegas para
romper con la hegemonía cultural de los temarios y libros de texto.


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